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Easton Green
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La Quintrala Libro Completo Pdf 14



El apodo de La Quintrala es probablemente una desviación del diminutivo de su nombre de pila, Catrala o Catralita. Sin embargo, otra teoría dice que el sobrenombre proviene del hecho que azotaba a sus esclavos con ramas de quintral (Tristerix spp.), una planta parásita autóctona de flores rojas. Cabe destacar, por otra parte, que Catalina era pelirroja. Magdalena Petit sostiene en su libro La Quintrala que este nombre proviene del quintral, haciendo un símil al color de su cabello.




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Ningun otro personaje de la historia o cultura de Chile tiene un lugar comparable en el imaginario popular como el de Catalina de los Rios y Lisperguer, mejor conocida como "la Quintrala". Desde la publicacion del libro Los Lisperguer y la Quintrala por Benjamin Vicuna Mackenna en 1877, la Quintrala ha acaparado la imaginacion de los chilenos, protagonizando novelas, ensayos, peliculas, operas y teleseries. Los intelectuales mas destacados del pais se han dedicado a ella, entre ellos Joaquin Edwards Bello, Magdalena Petit, Mercedes Valdivieso o Marjorie Agosin. A nivel audiovisual, destacan la pelicula de 1955, La Quintrala, dona Catalina de los Rios y Lisperguer y dos teleproducciones, La Quintrala de 1986 y La Dona de 2011. Parece que cada generacion de los Chilenos se construye su propia imagen de este monstruo chilensis por exelencia, y en el lenguaje cotidiano es bastante comun llamar a una mujer "malvada" una "Quintrala"--eso ocurre regularmente en la prensa respecto a delincuentes femeninos.


La fama de la obra de Vicuna Mackenna reside sin duda en su declarado caracter de una obra historica, no ficcional, y eso es ampliamente aceptado por los estudiosos del tema Marjorie Agosin, por ejemplo, en su ya clasico articulo La Quintrala, una bruja novelada acepta el valor historico del libro de Vicuna sin la menor duda (AGOSIN, 1982, p. 5). En eso, ella sigue al mismo Vicuna, quien repetidamente insiste en el valor historico de esta obra suya, pero pese a sus palabras, ya el inicio de su trabajo historico-biografico recuerda mas que nada una novela contemporanea, y una de las mas sensacionalistas:


El mestizo, por sus--verdaderos o imaginarios--lazos con lo indigena, en general por la linea femenina (como en el caso de los Lisperguer) es un ser sumamente sospechoso y negativo (SAIGNES; BOUYSSE-CASSAGNE, 1992, p. 15 sqq) e, incluso mas que el indio, un "algo" incierto, peligroso, indefinido, que no esta ni aqui ni alla. El mestizaje es un fenomeno nuevo de la Colonia, y constituye por su simple presencia una amenaza tanto para la identidad de los "indios" como los "blancos", ya que llega a establecerse como un turbio e incompleto Doppelganger de ambos.


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En Precursores de la independencia de Chile (1871) Miguel Luis Amunátegui considera a Catalina de los Ríos Lisperguer como un ejemplo esclarecedor de los malos tratamientos que recibían los indios domésticos por parte de los españoles en general y de los encomenderos en particular: "Lo que sucedía en la estancia de Catalina de los Rios no era un caso especiálisimo, sino bastante común en todo el reino" (Tomo II, 361). Esta primera aparición de la figura de Catalina de los Ríos en la producción narrativa de corte historiográfico de fines del siglo XIX, aunque breve, no deja de ser significativa, porque lejos de ser conceptualizada por Amunátegui como una excepción (por lo menos en lo referido a los malos tratamientos a los indios de su encomienda), está caracterizada como un ejemplo del actuar de sus contemporáneos. Once años después, escribe el capítulo "Doña Catalina de los Rios de Campofrio Carvajal" en el marco de su libro El terremoto del 13 de mayo de 1647 (1882), y presenta al personaje básicamente como un síntoma de la decadencia de la sociedad colonial de la primera mitad del siglo XVII, como reza el epígrafe de este artículo.


Por su parte, Domingo Amunátegui Solar en su libro acerca de las encomiendas indígenas en Chile (1910) se hace cargo de analizar algunos de los crímenes atribuidos a Catalina de los Ríos Lisperguer, como revisaremos más adelante. Básicamente sostiene que la Quintrala sufre de sadismo y que, al estar enferma, no es responsable por los crímenes cometidos. Sin embargo, en el contexto más general del libro, ella funciona como una muestra ejemplar de lo que significó el sistema de encomiendas, que el autor critica duramente. Amunátegui se pregunta por qué la justicia no intervino en algunos de los crímenes perpetrados. La respuesta se relaciona con los vínculos familiares de Catalina y al hecho de que tenía el favor de la orden de San Agustín. Todos los cuales, según el autor, la pretendían heredar: "Los delitos, sin embargo, fueron acumulándose unos a otros, i llegaron a formar montaña. Las olas empujaron a las olas, i su rumoroso estruendo se oyó en la capital" (146).


La mejor referencia a los procesos levantados en contra de Catalina de los Ríos Lisperguer en este período es la que incluye Domingo Amunategui Solar en su libro Las encomiendas de indíjenas en Chile (1910). De hecho, anexa a su publicación un extenso documento denominado "Esposicion del oidor Huerta Gutiérrez en 1660" tomado del archivo particular de don José Toribio Medina (como reza la bajada de título). A partir de éste (y de las investigaciones de Miguel Luis Amunátegui14, Benjamín Vicuña Mackenna y Víctor Maturana) refiere los castigos, torturas y asesinatos que practicaba con las personas de su servicio doméstico, los que habrían sido comproba dos en el proceso que inició la Real Audiencia a este respecto.


El autor relata cómo el 17 de enero de 1660, a propósito de un azote general de la Quintrala sobre sus indias en una siembra de maíz, se reunió la Real Audiencia y decidió enviar al receptor Francisco Millán para que averiguara en la Ligua lo que estaba sucediendo. Considerando lo constatado por el receptor, decidieron enviar, el 18 de abril, a Juan de la Huerta Gutiérrez para que tramitara el proceso y lo sentenciara en primera instancia. He aquí el origen del informe publicado por Amunátegui Solar en este libro en el que se constatan 39 asesinatos. El autor sostiene que en este tiempo cambiaron todos los oidores de la Real Audiencia y Catalina apeló su sentencia valiéndose del indulto que otorgó Felipe IV con motivo del nacimiento del príncipe heredero en 1663.


Esto quiere decir que toda la narración descansa en el testimonio de Ugas, en la ficcionalización narrativa de que su copia corresponde en efecto a los contenidos que se encuentran en los cuadernos que se guardan y que contienen las causas que se siguieron en contra de Catalina de los Ríos. De hecho, la primera, la cuarta y la sexta parte del documento corresponden exclusivamente a los marcos de legitimación y coherencia que otorga Ugas al manuscrito completo, lo que cobra sentido al enfatizar el carácter de copia (imitación, falsedad) y no original (verdadero, real) del mismo.


4Archivo General de Indias. Escribanía de Cámara 937, A, B y C y 938 A, B y C. Residencia de Francisco de Meneses, gobernador, capitán general y Presidente de la Audiencia de Chile, por Lope Antonio de Munibe, oidor de la Audiencia de Lima. Fenecida en 1676. Este documento fue hallado, analizado y compartido al equipo por la investigadora Alejan dra Araya en el contexto de su proyecto Fondecyt N 1080096 "Para un imaginario socio político colonial: castas y plebe en Chile (1650-1800)", (2008-2010) en el que participé como ayudante de investigación y tesista. Vale la pena destacar que el único trabajo especializado acerca del mismo corresponde al capítulo del libro Formas de control y disciplinamiento. Chile, América y Europa siglo XVI-XIX (2014) que la historiadora publicó denominado "Azotar. El cuerpo, prácticas de dominio colonial e imaginarios del reino a la república de Chile".


8Este episodio fue relatado por Pedro Lozano en el tercer tomo de su libro Conquista del Paraguay, Río de la Plata y Tucumán (1874), a propósito del gobierno de José Martínez de Salazar. Según Lozano, Meneses (a quien también denomina Barrabás) intentó "alzarse en este puerto de Buenos Aires con dos navíos, y pasarse con ellos á Chile por el Estrecho de Magallanes (...) pero le obligó Salazar con mucho valor á ponerse en razón. A otros escándalos se quería arrojar aquel sujeto desbaratado y á todo se le opuso intrépido el presidente" (446-7).


22Un elemento interesante de este auto es que se menciona que debido a los rumores que circulaban, la Audiencia había enviado anteriormente a la Ligua a un receptor, Francisco Millán, para averiguar lo ocurrido (auto del siete de enero de 1660), además de comprometer una segunda visita a cargo de don Juan de la Huerta Gutiérrez. Aunque en la transcripción de Ugas no se encuentran los resultados de dichas visitas, afortunadamente Amunátegui Solar en 1910 va a anexar en su libro Las encomiendas indíjenas de Chile un documento denominado "Esposicion del oidor Huerta Gutiérrez en 1660" (tomado, según el autor, del Archivo particular de José Toribio Medina) en el que se informa que Catalina de los Ríos fue condenada: "Honra en estremo al doctor Huerta Gutierrez este documento firmado por él, en que constan con desnuda verdad los crímenes de doña Catalina de los Ríos, -documento precioso que permite a la historia tramitar i sentenciar de nuevo el juicio, para eterno ludibrio de los oidores que no supieron o no quisieron cumplir con su deber" (151).


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